Tuve una novia durante un tiempo en la preparatoria con quien las peleas sobraban. Habían momentos en los que me decía cosas que yo no lograba entender o los entendía mal. Eso provocaba más discusiones. Un día, en el muro de Facebook, enunció las palabras que la librarían de toda culpa.
Soy responsable de lo que digo, no de lo que entiendas.
Actualmente ella estudia Psicología, y esa frase la sacó de alguna obra de un viejo psicoanalista -creo-. Cada que yo leía ese verso, me hervían las entrañas y me daban unas ganas tremendas de decirle un millón de cosas, tanto a ella como al psicólogo que dijo tales palabras. Sin embargo, no lo hice por cobardía.
En clase de Teoría del proceso, el licenciado Campillo dijo alguna vez que como escribiéramos las cosas nos entenderían y que el redactor es el único responsable y obligado a que el receptor entienda lo que decimos. Entonces comprendí que el Soy responsable de lo que digo [...] tenía esta contestación. Somos responsables de lo que decimos; de lo que interpretan las demás personas, también.
Nirmanu.

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